domingo, 2 de marzo de 2014

VIIIº DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO. CICLO A

Celebramos hoy el VIIIº Domingo del Tiempo Ordinario, celebrar la eucaristía, fuente y culmen de la vida cristiana, nos enseña, semana tras semana, que nuestra fe en Jesús, no puede estar desvinculada de la vida diaria. Ser cristianos es seguir a Jesús, nuestro Maestro y Señor, cada día, en cada momento, en cada lugar en el que estemos. No podemos celebrar la eucaristía y no vivir el Evangelio con toda su riqueza e intensidad. En la actualidad, en los tiempos que estamos viviendo, los cristianos somos cada vez más necesarios para ayudar a transformar este mundo en un lugar más lleno de esperanza, justicia y misericordia. 

Como estos últimos domingos, seguimos en el marco del Sermón de la Montaña, y es que Jesús quiere seguir mostrándonos el proyecto que Dios, nuestro Padre ha diseñado para su nueva familia,es decir para todos y cada uno de nosotros. De ahí que el mensaje de este día sea realmente hermoso y sugerente: Dios no puede olvidarnos, como tampoco la madre puede olvidar al hijo de sus entrañas. 
Por eso, la propuesta evangélica es así de clara: “No os agobiéis por el mañana…”.

En la Primera Lectura (Is 49, 14-15) se nos recuerda que la paciencia y fidelidad de Dios es infinita para con sus hijos. A pesar de que la esperanza pueda decaer, que el camino se nos pierda, Dios no deja nunca de pensar en nosotros, de cuidarnos y amarnos. Él nunca nos olvida.

El Salmo 61,"Descansa sólo en Dios, alma mía" es una plegaria que expresa que Dios es la esperanza del pobre, aunque el mundo lo desprecie y lo humille. Descubre, además, que la zozobra y la angustia serán fácilmente vencidas por aquel que en Dios confía. La llegada del Dios Salvador marcará el inicio de nuestra felicidad.

En la Segunda Lectura (1Cor 4,1-5), el apóstol Pablo, nos pide que abandonemos el juzgar a los demás y seamos fieles al mensaje del Evangelio. Es la fidelidad y nuestro estilo de vida cristiana lo que deben ver las personas en nosotros. Solo desde la coherencia de vida podemos evangelizar.

En el Evangelio de hoy (Mt 6,24-34), Jesús nos invita a no agobiarnos por tantos afanes secundarios de la vida. Para él lo importante es el Reino de Dios y su justicia. El resto se nos dará por añadidura.
También nos dice que no podemos servir, a la vez, a Dios y al dinero. Debemos optar por una vida de austeridad y misericordia que descansa en Dios y no en los bienes materiales.El Evangelio nos exhorta a que vivimos de forma sencilla para que otros sencillamente puedan vivir.

Como hemos visto, la Palabra de Dios, hoy nos muestra su inmenso amor por cada uno de nosotros y su providencia que vela permanentemente para que no nos falte lo imprescindible en cada momento de nuestra vida. El Señor nos invita a poner toda nuestra confianza y todo nuestro amor de verdaderos hijos en él, que nunca nos abandona.



Dios Padre, cuyo amor supera el amor 
tierno y fiel de la madre más amorosa.
Ayúdanos a experimentar tu presencia cariñosa y misteriosa 
en nuestra vida, para que conociendo su ternura,
 seamos capaces de transferirla también a los demás.
Nosotros te lo pedimos apoyados 
en la experiencia y el ejemplo de Jesús, 
que encarnó en sí mismo tu amor paterno. 
Amén.

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