sábado, 12 de octubre de 2013

SEGUNDO DÍA DE TRIDUO EN HONOR A NUESTRA SEÑORA LA VIRGEN DE FÁTIMA

El jueves día 10 prosiguió el Triduo en honor a Nuestra Madre y Señora la Virgen de Fátima. Antes de comenzar la celebración de la Eucaristía, se pasó a leer un fragmento de la segunda aparición del Ángel de la Paz a los pastorcitos.A continuación, pueden leer dicho fragmento:

        
Segunda Aparición del Ángel
La segunda aparición tiene que haber ocurrido sobre mitad de verano, cuando, debido al gran calor, llevamos los rebaños a casa hacia mediodía para regresar por la tarde.
Pasamos las horas de la siesta en la sombra de los árboles que rodeaban el pozo en la quinta llamada Arneiro, que pertenecía a mis padres. De pronto vimos al mismo Ángel junto a nosotros.
- ¿Qué estáis haciendo? ¡Rezad! ¡Rezad! ¡Rezad mucho! Los Corazones de Jesús y de María tienen sobre vosotros designios de misericordia. ¡Ofreced constantemente oraciones y sacrificios al Altísimo!
- ¿Cómo hemos de sacrificarnos? – pregunté.
- De todo lo que pidierais ofreced un sacrificio como acto de reparación por los pecados con los cuáles Él es ofendido, y de súplica por la conversión de los pecadores. Atraed así sobre vuestra patria la paz. Yo soy el Ángel de su Guarda, el Ángel de Portugal. Sobre todo, aceptad y soportad con sumisión el sufrimiento que el Señor os envíe.


Estas palabras hicieron una profunda impresión en nuestros espíritus como una luz que nos hacía comprender quién es Dios, cómo nos ama y desea ser amado, el valor del sacrificio, cuánto le agrada y cómo concede en atención a esto la gracia de conversión a los pecadores. Por esta razón, desde ese momento, comenzamos a ofrecer al Señor cuanto nos mortificaba no buscando jamás otros caminos de mortificación y penitencia sino los de quedar durante horas con las frentes tocando el suelo, repitiendo la oración que el Ángel nos enseñó.


DIOS MÍO, YO CREO, ADORO, ESPERO Y TE AMO. TE PIDO PERDÓN POR LOS QUE NO CREEN, NO ADORAN, NO ESPERAN Y NO TE AMAN. 
(Fragmento extraído de las Memorias de Lucía)

Tras la celebración de la Eucaristía se realizó la oración a la Virgen. Cada feligrés asistente, realizó su petición personal y confiada a nuestra Madre, la Virgen de Fátima.

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