martes, 15 de octubre de 2013

REGRESO DE LA VIRGEN DE FÁTIMA A LA CAPELLINA

El pasado domingo día 13 de octubre, tras la celebración de la Santa Misa, nuestra Madre, la Virgen de Fátima, salía en procesión de regreso a la Capellina.

Celebramos también el XXVIIIº Domingo del Tiempo Ordinario.La liturgia nos hablaba de agradecimiento, y de fe, enseñándonos que debemos ser agradecidos sobre todo con nuestro Padre Dios, que todo nos lo ha dado, sabiendo que dar gracias es ponerse al servicio del que nos ha ayudado, estar dispuestos a hacer con los demás lo mismo que han hecho con nosotros. Siendo humildes y sencillos, a imagen de nuestra Madre la Virgen María, ejemplo de servicio, humildad y sencillez en nuestras vidas.

El Señor Jesús, con el relato de los diez leprosos, nos enseña que debemos ser agradecidos. El cristiano no puede ser egoísta, soberbio, duro de corazón... Vivimos en un mundo cada vez más enfermo de insolidaridad, de egoísmo, de soledad y aislamiento. Por eso, debemos pedir a Jesús que nos cure de todo lo que nos aparta de los hermanos, que nos ayude a ver y a comprobar tantas huellas de su presencia en medio de nosotros. 


En la Primera Lectura (2Re 5,14-17), el profeta Eliseo convierte y cura de la lepra al magnate sirio Naamán. 

Cada vez que proclamamos el Salmo "El Señor revela a las naciones su salvación" estamos aclamando la grandeza de Dios y su amor misericordioso por cada uno de nosotros.

En la Segunda Lectura ( 2Tim 2,8-13) San Pablo aunque se siente profundamente solo, todavía intenta enseñar a su discípulo que la perseverancia,sin importar los duros trabajos y el sufrimiento,nos llevará a reinar con Cristo.

En el Evangelio (Lc 17,11-19) el episodio de los diez leprosos nos indica claramente la dureza de corazón de los judíos en tiempo de Jesús. Solo uno de los curados de la lepra vuelve a dar gracias al Señor. Debemos tomar ejemplo nosotros del único leproso que se acercó a Jesús agradecido por la gracia recibida. 
Que agradezcamos con humildad de corazón cuántas bendiciones recibimos de nuestro Padre Dios.



Antes de finalizar la celebración de la Eucaristía se rezó el Ángelus, y tras él, el Coro Sal y Arena dedicó un canto a la Virgen de Fátima.


Tras la bendición final, todos los feligreses junto a nuestro párroco, cantamos el tradicional canto en honor a nuestra Madre, "En la rama de una encina".

Posteriormente,la Virgen de Fátima era portada por las calles del barrio, por hombres y mujeres que en procesión, la llevaron de regreso a la Capellina.


Los fieles devotos congregados allí, guiados por nuestra madre, seguíamos sus pasos, la acompañábamos con el rezo del santo Rosario y cantos en su honor.


Nuestra Madre nos dió fuerzas para subir la gran pendiente de la Calle Sagrado Corazón un año más juntos, unidos en oración en torno a ella.


Finalmente,llegamos a la Capellina, lugar donde permanecerá la Virgen de Fátima hasta el mes de Mayo.

 


Una vez alli, todos los allí reunidos, tuvimos una pequeña convivencia, en un ámbito alegre y familiar.



¡Gracias, Madre nuestra por 
reunirnos un año más en torno a ti!


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