sábado, 22 de noviembre de 2014

XXXIVº DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO. SOLEMNIDAD DE JESUCRISTO REY DEL UNIVERSO.


Celebramos hoy el XXXIVº Domingo del Tiempo Ordinario. La Iglesia celebra hoy la Solemnidad de Jesucristo Rey del Universo, fiesta creada por el Papa Pío XI en 1925 marcando así el final del año litúrgico. Con el Adviento,que lo celebraremos la próxima semana, comenzaremos el principio de un nuevo año litúrgico. 
Con esta Solemnidad de Cristo Rey del Universo recordamos que Jesús es Señor y Servidor, es Rey y Pastor. Él nos enseña cómo ser siervos fieles, para atender las necesidades de nuestros hermanos más débiles. Jesús está cerca de nosotros. Su realeza sorprende, no es de poder, sino de mansedumbre. No es de mando, sino de servicio. No es de lujo, ni de ostentación, sino de pobreza y humildad. De ahí pues la singularidad de esta celebración que debemos asumir con entrega y emoción.

La liturgia nos plantea lo siguiente: Jesús es el Señor, el único Señor y Rey del Universo. A Él corresponde devolver al Padre un mundo salvado y reconciliado. Pero, compartir el señorío de Jesús, y ser admitidos a su derecha, es abrirse a las necesidades de los demás; es reconocerle en el pobre y el necesitado; es trabajar por un mundo solidario, una sociedad libre y justa, abierta a Dios.

En la Primera Lectura (Ez.
11-12. 15-17) el profeta Ezequiel anuncia al verdadero pastor que guiará a la humanidad por el buen camino, cuidando a los más débiles y velando con amor por las ovejas enfermas y sanas.

Con el Salmo (22) "El Señor es mi pastor, nada me falta", manifestamos cada vez que lo proclamamos, nuestra absoluta confianza en el Señor, nuestro buen pastor que cuida y da la vida por sus ovejas. 

En la Segunda Lectura (1 Co. 15, 20-26. 28) el apóstol Pablo expone, el carácter absoluto del Reino de Dios. Así nos dirá que si Adán nos condujo a la muerte, Cristo nos ha conducido a la vida. De ahí que el Señor Jesús camine a la cabeza del grupo de los que buscan a Dios, y lo introduce en el Reino del Padre.

En el Evangelio (Mt 25, 31-46) la parábola del juicio final, que se nos ofrece, nos plantea la suerte de toda persona que se decide en virtud de su capacidad de reaccionar con misericordia ante los que sufren hambre, sed, desamparo, enfermedad, cárcel, destierro… Ésta es la propuesta de Jesús a su comunidad, a cada uno de sus seguidores. Y éste es el examen final para cada ser humano. No es posible justificarse ni engañarse con falsos planteamientos. La vivencia y la puesta en práctica de la Bienaventuranzas es el principio fundamental del Reino de Dios.


Jesús, Tú , eres el Rey del universo,
 en tu sabiduría creaste todo de la nada 
y en tu infinita misericordia diste tu vida por nosotros, 
para que nosotros podamos reinar un día en nuestra historia presente y en el cielo junto a ti. 
Gracias Señor ,porque en esta eucaristía hemos 
contemplado que reinar desde la cruz y desde este trono 
has sometido a nuestro enemigo el diablo. 
Gracias Señor Dios del Universo.

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