domingo, 22 de marzo de 2015

Vº DOMINGO DE CUARESMA. CICLO B


Hoy celebramos el último domingo de la Cuaresma. Recordemos,como decíamos al inicio de este tiempo cuaresmal, que era el camino de preparación a la Pascua, para vivir el encuentro con el Señor Resucitado, con todo lo que ello supone y significa.Toda la celebración de hoy nos planteará la necesidad de abrazar la cruz y estar dispuestos a todo en nuestra entrega para madurar, crecer y vivir con pleno sentido y dar fruto como Cristo. 

Las lecturas de este domingo, tienen sabor ya a pasión y muerte de Jesús. Llegan días en los que, el Padre, a través de Jesús hará algo grande: una Alianza Nueva. Además, en la 2ª lectura escucharemos como Jesús aprendió a ser grande, obedeciendo. El Evangelio, por otro lado, nos habla del fruto de la renuncia: la vida.

En la Primera Lectura (Jr. 31, 31-34) el profeta Jeremías anuncia una alianza nueva de Dios con su pueblo. Pero esta Alianza ya no se escribirá en una piedra, sino en el corazón de cada hombre y de cada mujer. Así, Él será para siempre su Dios y ellos serán su pueblo, pero ahora fiel y acorde con sus proyectos de vida. Una nueva visión ilumina todo.

El Salmo (50) Oh, Dios crea en mi un corazón puro" ha sido un cántico de Penitencia durante siglos para muchas generaciones de cristianos. Demuestra el gran amor de Dios hacía su pueblo “al que devuelve la alegría de la salvación”.

En la Segunda Lectura (Heb 5, 7-9) el autor de la carta a los Hebreos presenta el misterio del sacerdocio de Cristo: Él vivió en relación directa y personal con Dios, escuchando siempre su palabra y buscando siempre su voluntad. Su único camino fue la obediencia, sostenida por la confianza absoluta en el Padre. Todo un estilo de ser y de vivir. 

En el Evangelio de hoy (Jn 12, 20-33) escuchamos que no hay vida donde no hay fruto, ni hay fruto si la semilla no muere. La muerte de Jesús ha dado vida y ha transformado a todos los hombres. Eso nos dice Jesús, hoy, a través de las palabras del Evangelio. Y por eso los frutos que nosotros recogemos son todos regalos de Dios. Esto nos muestra que la vida no nos pertenece para vivirla a solas, sino que la tenemos que poner al servicio de los demás.


Mi alma está agitada, Señor. 
¿Qué te diré? ¿A quién clamaré?
¿A dónde iré? ¿Merece la pena, Señor?
Como Tú, Señor, también yo digo:
Líbrame de aquellas horas
que me producen pena y llanto
Evítame las cruces excesivamente pesadas
Condúceme por los caminos
no inhumanamente estrechos.
Pero, eso sí, Señor; n
o se haga mi voluntad
Porque, sé mi Señor, que todo lo que me pides 
y me das, que todo lo que pones bajo mis pies
es porque, previamente, Señor
sabes que lo puedo soportar 
y por Ti entregar.
Mi alma está agitada, Señor. 
Pero sé que, hoy siempre,
la esperanza que tengo en Ti
no me defraudará.

Amén

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