lunes, 27 de enero de 2014

IIIº DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO. CICLO A

Celebramos hoy,en el día de la Jornada de la Infancia Misionera, el Tercer Domingo del Tiempo Ordinario. El Señor nos presenta el comienzo de la predicación de Cristo, predicación que da comienzo con un llamamiento a la conversión, manifestando que el Reino de los Cielos está cerca. Y junto a este llamamiento, Jesús empieza a fundar su Iglesia, preparando su edificación, construyendo progresivamente las columnas que habrán de sustentarla: busca entre los hombres a sus primeros apóstoles: ellos serán los pescadores de hombres. La respuesta que ellos le dan es la que el Señor espera hoy también de nosotros.

Comenzamos ya a caminar detrás de Jesús. El nos va a invitar: ¡VENID Y SEGUIDME! Para ello, y no lo olvidemos, es necesario que dejemos algunas cosas, que cambiemos a mejor. Por eso, y es bueno tenerlo en cuenta, que no pongamos nada por encima de la Eucaristía, que el domingo lo reservemos para el descanso, para Dios y para la familia. 

En la Primera Lectura (Is 8,23-9.3) el profeta Isaías promete al pueblo un nuevo amanecer; la luz de la salvación viene de Dios y brilla sobre el pueblo que, de nuevo, decide convertirse a su Dios.Los creyentes de hoy estamos llamados a hacer de Jesús la luz de nuestra vida.

El Salmo (26) “El Señor es mi luz y mi salvación” expresa los sentimientos de dicha y esperanza cumplida por haber llegado a la Ciudad Santa, donde habita el Señor Dios que ayuda a los que confían en Él. Para nosotros puede,y debe significar un ejercicio pleno de confianza en el Padre Bueno que nos acompaña en nuestro camino.

En la Segunda Lectura (1 Cor. 1,10-13.17) Pablo urge a los hermanos de Corinto a vivir en la unidad. En Cristo todos somos salvados y formamos un pueblo, la iglesia de Dios. Cristo es nuestra gloria y nuestra sabiduría. Nuestra fe no depende de la sabiduría humana sino del poder de Dios. El apóstol nos exhorta a vivir unidos. La Iglesia debe ser unidad, ya que todos somos hijos de un mismo Padre, nuestro padre Dios,que nos ama sin hacer distinciones. Entre nosotros no pueden existir discordias y divisiones. 

El Evangelio de hoy (Mt. 4,12-23) nos narra el inicio de la misión apostólica del Señor en Galilea, quien lo hace predicando la conversión y llamando a sus primeros discípulos. La frase clave de este evangelio la tenemos en el encargo que Cristo piensa encomendarles: "los hare pescadores de hombres" significando con ella la misión de servicio a la Palabra de Dios.

Quiero ser de los tuyos, Señor, 
para ver dónde y cómo vives, para enseñarnos el camino de la verdad, para que seamos profundamente felices.
Quiero ser de los tuyos, Señor,y que me enseñes a pescar la alegría, y que me empujes a pescar personas para Ti,
y que me dejes mirarte a los ojos
Quiero ser de los tuyos, Señor,y escuchar tu Palabra para saber qué quieres de mí, y participar de tu Eucaristía para ser fuerte,
y rezar junto a Ti para no sentirme sólo
Quiero ser de los tuyos, Señor, y que me cambies en aquello 
que no soy bueno, y que me cambies mi corazón duro 
y que me cambies si estoy equivocado.
¡GRACIAS, SEÑOR!

No hay comentarios:

Publicar un comentario