domingo, 11 de enero de 2015

EL BAUTISMO DEL SEÑOR. CICLO B


Celebramos hoy, el Bautismo del Señor, con esta fiesta terminan los días de la Navidad; es el fin de una vida silenciosa en Nazaret y el inicio de su vida pública. Jesús acudió al río Jordán donde Juan
bautizaba. También nosotros hemos sido bautizados como Jesús. Hemos sido ungidos por el Espíritu para servir y hacer el bien, para continuar la obra liberadora de Jesús. Estamos necesitados de actualizar nuestro propio Bautismo, la gracia que hemos recibido en él, la exigencia que debemos de dar a nuestro compromiso cristiano. En definitiva, tenemos que tomar conciencia de que la tarea de todo bautizado es: vivir siendo signo, siendo luz; desterrar toda injusticia, buscar la unidad entre los hermanos y ayudar a construir un mundo nuevo donde reine la paz y el amor.

La Liturgia de este domingo, nos prepara a la misión de Jesús: Isaías indica cómo sería el Mesías. La segunda lectura, por otro lado, nos presenta un conjunto de enseñanzas sobre el papel que va a desempeñar el Salvador. Finalmente, el Evangelio nos narra la complacencia, la alegría, la satisfacción que tiene Dios en un Hijo que va a ser su voz, sus pies, sus manos y su corazón en la tierra.

En la Primera Lectura (Is 42, 1-4. 6-7) el profeta Isaías, nos enseña como será el Mesías. “El pábilo vacilante no lo apagará”, el pábilo es esa llama que pugna por seguir ardiendo y que cualquier golpe de aire puede apagar. En este fragmento el profeta Isaías hace una hermosa descripción de Jesucristo y, además, añade que será nuestro liberador y quien dará luz a nuestros ojos.

El Salmo (28) "El Señor bendice a su pueblo con la paz" refleja la admiración del pueblo ante Dios que reina con su fuerza sobre la tormenta. El título del salmo es, precisamente, “Dios en la tempestad”. Y es en esa fuerza de la naturaleza donde se demuestra visiblemente su fuerza, la cual pone a la disposición de su pueblo para que sea feliz. A nosotros hoy nos acerca a esa seguridad que necesitamos en estos tiempos tan difíciles.

En la Segunda Lectura (Hch 10, 34-38) se nos dice que la manifestación suprema de la bondad y del amor de Dios a los hombres es Cristo. Este amor, actuado por el Espíritu, nos hace nuevas criaturas y nos destina a la vida eterna. El apóstol Pedro, presenta a Jesús haciendo el bien y curando a los oprimidos. 

En el Evangelio (Mc. 1, 6b-11) el evangelista Marcos, con su relato del bautismo, pretende explicar quién era en realidad Jesús de Nazaret. Aquel que después bautizará con Espíritu, se presenta a ser bautizado con agua. Jesús se introduce en las aguas del Jordán, recogiendo así todo el pecado del mundo, toda la miseria de la condición humana. En esta experiencia, Dios le revela que es el Hijo amado, y ahí nace la misión por la que Jesús deja la esfera de su vida privada para dedicarse al anuncio del Reino, a cumplir su misión.

Que esta celebración nos ayude a renovar nuestro Bautismo y a sentirnos amados por Dios; a descubrir que somos llamados a vivir como hijos suyos, y a salir de nuestro mundo cerrado para ir al encuentro de los hermanos. 


¡Yo soy de los tuyos, Señor!
Desde el día de mi Bautismo en el que, 
Dios, me hizo hijo suyo.
Cuando hago algo por los demás,
y no sólo miro por mí mismo.
Cuando escucho tu Palabra,
y siento que Dios me habla con palabras de amor.
Cuando, sabiendo que soy débil,
miro al cielo para que Dios me ayude.

¡Yo soy de los tuyos, Señor!
Si no dejo que, nada ni nadie, me aleje de Ti.
Si hago el bien a los que me rodean,
aunque algunos les parezca poco o nada.
Si, como Tú, Señor, 
me dejo llevar de la mano del Padre.
Si, allá donde hablo y camino,
soy semilla de verdad, de justicia y de perdón

¡Yo soy de los tuyos, Señor!
Dame tu Espíritu para que, así, no se apague en mí
lo que Dios en el día de mi bautismo 
me regaló con tanta fuerza y amor: su presencia.

Amén.

martes, 6 de enero de 2015

SOLEMNIDAD DE LA EPIFANÍA DEL SEÑOR, 6 ENERO 2015.


Con gran gozo, celebramos hoy la Epifanía del Señor, la manifestación de Dios, el deseo profundo de nuestro Padre de hacerse visible, cercano y palpable. En Belén, junto a los Magos, descubrimos el rostro de un Dios que es niño, que no es Mesías guerrero, sino pacificador. Dios se manifiesta en Jesús para acercarse a nosotros, abrirnos su corazón y meternos dentro de él, para que participemos de su vida y misión. Éste es el regalo que hoy el Señor quiere hacernos a cada uno de nosotros: celebrar y ser conscientes de nuestra fe, participar de su cuerpo y descubrir su rostro y amor de Padre. 

Las fiestas de Navidad y Epifanía son inseparables. La una lleva a la otra y le da la razón de ser. De nada serviría al hombre que hubiera nacido para él un Salvador, si ese Salvador permaneciera oculto y desconocido. La Navidad celebra el nacimiento del Salvador y la Epifanía es su presentación al mundo. Ambos misterios son obra del Padre Dios. 
La Liturgia nos presenta la manifestación de Jesús, recién nacido, a todos los pueblos. Este hecho se realiza representado por unos Magos venidos de Oriente. El significado de este episodio, sigue siendo importante también hoy, para toda la humanidad: la salvación que Dios ofrece por Jesucristo, es para todos los hombres sin excepción. Él quiere darse a conocer como luz de todos y para todos, esto es lo significativo de este día, su sentido universal, la presencia amorosa de Dios, a toda la humanidad.


En la Primera Lectura (Is 60, 1-6) el profeta Isaías, con gran riqueza de imágenes, anuncia el despertar de la luz en medio de la oscuridad. Resplandor al que se acercan todos los hombres de la tierra en busca de la salvación. Nosotros, también queremos acercarnos a esa luz para afianzar nuestras vidas en la certeza del Padre que nos ama. 

El Salmo (71) "Se postrarán ante ti, Señor, todos los Reyes de la Tierra",fue compuesto en su origen para festejar a un gran rey de Israel, pero con el tiempo se le fue dando un sentido de profecía mesiánica que es como lo interpretamos nosotros hoy en este día de la Epifanía del Señor.
En la Segunda Lectura (Ef 3, 2-3; 5-6) el apóstol Pablo nos recuerda que la salvación es para todos; nadie ha quedado excluido de ella. Dios no tiene preferencias por una raza o pueblo; para Dios no hay extranjeros. Todos cabemos en su casa, todos somos sus hijos, todos somos uno en Jesús. 

En el Evangelio (Mt 2, 1-12) el evangelista nos narra la aventura de los reyes que, desde sus lejanos países, se dejan guiar por la luz de una estrella que les seduce y les conduce al encuentro con el Niño-Dios. Nosotros, sea cual sea nuestra situación y condición, pertenecemos al mundo de los privilegiados. Dios se quiere manifestar personalmente a cada uno de nosotros. 



El camino de ida de los reyes, era incierto y penoso, el de vuelta seguro y alegre... La estrella sigue brillando, "se han abierto los caminos divinos de la tierra", así nosotros debemos recorrerlos y encontrar a Cristo para seguir caminando con seguridad, con esperanza, con alegría y paz.

¡Dejémonos conducir por la estrella luminosa 
de la fe y reconozcamos en Cristo 
la única Luz que puede guiar nuestros pasos!

LA EPIFANÍA DEL SEÑOR, SIGNIFICADO


Epifanía es algo más que una noche de sueños y regalos. Es la fiesta de la luz que ha brillado en medio de las tinieblas del mundo para que todos los hombres de toda condición y raza puedan encontrar al Salvador, nacido de María. Los Magos son testigos de esa muchedumbre que busca la luz en medio de las tinieblas y la alegría en medio de tanto pesares. El creyente o el que busca a Dios debe encarnar las tres actitudes fundamentales de los peregrinos de Oriente:

1. Contemplar a Dios

Los Magos descubrieron el querer de Dios en contacto con el universo y con la palabra del Señor.

2.La unión de ambas realidades.
Ésto, ayudó a los Magos a descubrir los signos de Dios y sus promesas.
3. Hacer de la fe un camino. 
Creyeron en el signo y emprendieron un camino de búsqueda del Señor. Entre luces y sombras llegaron a Belén.

El camino de la fe conduce al misterio aceptado y venerado.Aceptar y conocer a Jesús como Salvador. Los Magos le ofrecieron sus dones como Mesías, nosotros hacemos la ofrenda del don de todo nuestro ser, reconocer a Jesús como el Salvador.


lunes, 5 de enero de 2015

CÓMO MANTENER LA ILUSIÓN QUE TIENEN LOS PEQUEÑOS EL DÍA DE REYES.

A medida que los niños van creciendo, comienzan a hacer múltiples preguntas y en estas fiestas,una de ellas es: ¿Quiénes son Los Reyes Magos? Esta historia que a continuación compartimos, ayudará a los padres a decirles la verdad manteniendo siempre la ilusión de los más pequeños de la casa.
 
-Mamá, mamá mis amigos y amigas del cole dicen que los Reyes Magos son los padres, ¿es verdad?
La madre de Leo sonríe, le da un beso y dice:
- Mira Leo. Tengo que enseñarte algo que guardo en este cajón desde hace 7 años.
Su madre saca del cajón un sobre blanco. 
Lo abre y le dice a Leo:
- Esta carta la recibimos en casa el día que naciste. Es una carta escrita por los Reyes Magos y ellos nos piden que les hagamos tres favores. ¿Quieres que te la lea?
- ¡Sí mamá, por favor!

Apreciado papá y apreciada mamá de Leo.

Somos los Reyes Magos. Sabemos que acaba de nacer Leo. Es un niño precioso que os va a hacer muy felices a los dos. Ya sabéis que cada 6 de enero nosotros vamos en silencio a casa de todos los niños del mundo y les dejamos unos regalitos para celebrar el nacimiento del niño Jesús y para decirles lo orgullosos que estamos de ellos por lo bien que se han portado durante el año.
Pero a partir de ahora, no podremos hacerlo porque estamos muy viejecitos y cada vez hay más y más niños en este mundo. No podemos ir a casa de todos. Además, ayer me caí del camello y me rompí el brazo (soy Melchor, estoy ya un poquito torpe); Gaspar es muy lento porque camina con la ayuda de un viejo bastón y Baltasar, ¡nuestro viejecito Baltasar!, se olvida siempre de dónde tiene la lista de los regalos. 
Como ves, ya estamos muy mayores y necesitamos pediros tres favores muy importantes:

*El primero de ellos, es que necesitamos que nos ayudéis a poner los regalos a los niños. Cada padre y madre harán nuestro trabajo el día de Reyes: leerán las cartas de sus hijos y, con la misma ilusión que la nuestra, les pondrán los regalos como si fuéramos nosotros. Así todos los niños del mundo tendrán sus regalos y nosotros podremos descansar y ver, desde lo lejos, sus caritas de alegría y sorpresa.

*El segundo es que como esto es un gran secreto, no se lo podréis decir a Leo hasta que cumpla los 7 años. Cuando tenga esta edad, ya será mayor y sabrá guardar este secreto. Los niños pequeños no deben saber que nosotros ya no podemos poner los regalos y que son los padres los que nos ayudan porque sino… ¿qué pensarán de nosotros? ¿dónde estará la ilusión? El secreto se ha de decir solo a los niños responsables, a los que ya pueden entender que nosotros les queremos mucho y que por eso pedimos ayuda a sus padres, las personas más importante,las que más los quieren a ellos.

*El tercero y último favor es que algunos padres que nos ayudan están enfermos o no tienen dinero para comprar regalos a sus hijos. Y también hay niños que no tienen la suerte de tener dos papás. Por eso, necesitamos que vuestros hijos se conviertan “un poquito” en Reyes Magos y compartan algunos regalos con los niños que no tienen tanta suerte como ellos.
Nada más. ¿No es demasiado, verdad? Cuando Leo te pregunte por primera vez quiénes son los Reyes Magos léele esta carta. Entenderá por qué nosotros hemos confiado en vosotros para hacer nuestro trabajo: porque sois las personas que más lo queréis en el mundo y que mejor pueden ver su enorme y bondadoso corazón de perla.


Melchor, Gaspar y Baltasar

domingo, 4 de enero de 2015

IIº DOMINGO DESPUÉS DE NAVIDAD.

Este domingo es un eco de la fiesta de la Navidad. Y lo es porque nuestro ánimo, en la proximidad de la Epifanía, debe estar dispuesto a sumergirse en el sublime misterio de un Dios hecho hombre, de un Dios que se hace niño en Belén, para salvar al mundo. Nuestra celebración de hoy quiere ser reposada, tranquila y que propicie la interiorización del Evangelio, que nos dice: en Dios estaba la Palabra, que es comunicación y revelación. En esa Palabra había Vida y Luz. Nosotros mismos somos fruto de esa Palabra, que se ha “hecho carne” y ha “acampado entre nosotros”. Un Dios hecho carne, identificado con nuestra debilidad, respirando nuestro aire, comunicando y sufriendo con nuestros problemas.

Hoy las lecturas tienen un mismo hilo conductor: todo nos lleva a Jesús. En la primera, veremos como la sabiduría, está junto a Dios. En la segunda San Pablo nos presenta un bonito himno en el que nos recuerda que, Dios, nos salva a todos por medio de Jesucristo. Finalmente, en el Evangelio, una vez más nos quedaremos emocionados cuando contemplemos que Dios se revela definitivamente en Jesucristo.

En la Primera Lectura (Eclo 24, 1-4. 8-12) muestra la reflexión del autor sagrado que constituye uno de los elogios más hermosos de la Sabiduría divina. Esa sabiduría da testimonio y es la revelación de Dios como creador y salvador nuestro; da a conocer su espíritu, su palabra y su providencia. El pueblo de Dios es el que la recibe y obra a imagen de ella. Es, pues, un don que anima, desde siempre, el corazón humano. 

El Salmo (147) "La Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros" que cantamos hoy procede del prólogo del Evangelio de San Juan de este domingo. Este Salmo era para los judíos de tiempos de Jesús una exaltación de Dios como salvador de los pobres y de los humildes.Todo se hizo por medio de la Palabra para salvarnos del pecado y encaminarnos a un camino nuevo guiado por Jesucristo.

En la Segunda Lectura (Ef 1, 3-6. 15-18) el apóstol Pablo nos ofrece una profunda reflexión sobre la Iglesia, nuevo Pueblo de Dios, y lo presenta como un proyecto concebido por Dios desde los orígenes de la historia. Y es que Dios, por la fuerza de su amor, nos ha predestinado en Cristo a ser sus hijos. 

En el Evangelio (Jn 1, 1-18) se nos ofrece la reflexión de Juan, el “discípulo amado”. El evangelista nos presenta a Jesús como la Palabra definitiva de Dios. Y él siente que es una palabra cercana, que ha acampado entre nosotros, iluminando de este modo nuestra vida. Abrirnos a esta presencia es la gran propuesta y la invitación que se nos hace en el día de hoy.


Viniste al mundo, Señor, y p
or venir hasta nosotros,
nos sentimos afortunados y dichosos:
¡Nunca nos había ocurrido algo parecido!
¡No te vayas, Señor!
¡Quédate junto a nosotros, Señor!
¡Deja que sigamos adorando tu divinidad!
¡Permite que te dejemos los dones
de nuestra fe, esperanza y caridad!
¡
Viniste al mundo, Señor
!
Y, desde que has llegado, 
este mundo 
ha encontrado una ventana 
que nos abre
 de nuevo a la esperanza y a la paz.
Gracias, Señor
¡HAS VENIDO…Y NOS BASTA!

sábado, 3 de enero de 2015

CELEBRACIÓN DEL SANTÍSIMO NOMBRE DE JESÚS,3 DE ENERO

Cada 3 de enero la Iglesia celebra el Día del Santísimo Nombre de Jesús.Éste es aquel santísimo nombre anhelado por los patriarcas, esperado con ansiedad, demandado con gemidos, invocado con suspiros, requerido con lágrimas, donado al llegar la plenitud de la gracia”, decía San Bernardino de Siena.

“Ocho días después, llegó el tiempo de circuncidar al niño y se le puso el nombre de Jesús, nombre que le había sido dado por el Ángel antes de su concepción”
(Lc. 2, 21).

La palabra Jesús es la forma latina del griego “Iesous”, que a su vez es la transliteración del hebreo “Jeshua” o “Joshua” o también “Jehoshua”, que significa “Yahveh es salvación”.

El Santísimo Nombre de Jesús comenzó a ser venerado en las celebraciones litúrgicas del siglo XIV. San Bernardino de Siena y sus discípulos propagaron el culto al Nombre de Jesús. En 1530 el Papa Clemente VII concedió por primera vez a la Orden Franciscana la celebración del Oficio del Santísimo Nombre de Jesús. San Bernardino solía llevar una tablilla que mostraba la Eucaristía con rayos saliendo de ella y, en el medio, se veía el monograma “IHS”, abreviación del Nombre de Jesús en griego (ιησουσ).
Más adelante, la tradición devocional le añade un significado a las siglas: "I", Iesus (Jesús), "H", Hominum (de los hombres), "S", Salvator" (Salvador). Juntos quieren decir “Jesús, Salvador de los hombres”.

San Ignacio de Loyola y los jesuitas hicieron de este monograma el emblema de la Compañía de Jesús.

El Nombre de Jesús, invocado con confianza:

-Nos brinda ayuda en las necesidades corporales, según la promesa de Cristo: "En mi nombre agarrarán serpientes en sus manos y aunque beban veneno no les hará daño; impondrán las manos sobre los enfermos y se pondrán bien" (Mc. 16,17-18). En el Nombre de Jesús los Apóstoles dieron fuerza a los lisiados (Hch. 3,6; 9,34) y vida a los muertos (Hch. 9,40).

-Nos alienta en las pruebas espirituales. El Nombre de Jesús le recuerda al pecador, el padre del hijo pródigo y del buen samaritano; al justo le recuerda el sufrimiento y la muerte del inocente Cordero de Dios.

-Nos protege de Satanás y sus artimañas, ya que el diablo le teme al Nombre de Jesús, quien lo ha vencido en la Cruz.

-En el nombre de Jesús obtenemos toda bendición y gracia en el tiempo y la eternidad, pues Cristo dijo: "lo que pidan al Padre se los dará en mi nombre." (Jn.16,23). Por lo tanto, la Iglesia concluye todas sus oraciones con las palabras: "Por Jesucristo Nuestro Señor", entre otras.

Así se cumple la palabra de San Pablo: "Para que al nombre de Jesús toda rodilla se doble en los cielos, en la tierra y en los abismos." (Flp. 2,10).

jueves, 1 de enero de 2015

SOLEMNIDAD DE SANTA MARÍA, MADRE DE DIOS, 1 DE ENERO.

Iniciamos el año nuevo con la celebración de la Solemnidad de Santa María, Madre de Dios. La Iglesia fija su mirada en la celestial Madre de Dios que estrecha entre sus brazos al Niño Jesús: fuente de toda bendición. Además, hoy celebramos la Jornada Mundial de la Paz , una paz que todos anhelamos y necesitamos. Paz en el mundo, paz en nuestras relaciones interpersonales y paz dentro de nosotros mismos.

El Señor nos muestra a María Santísima, la elegida de Dios Padre, para que sea Madre de su Hijo, que nace hombre para darnos la filiación divina. La Madre del Redentor, camina con nosotros y nos guía, con ternura materna, hacia el futuro. Así, ayuda a la humanidad a cruzar todos los umbrales de los años, de los siglos y de los milenios, sosteniendo su esperanza en aquel que es el Señor de la historia. Como ella, sepamos estar atentos a lo que el Señor quiere decirnos, para poder descubrir en nuestra vida de cada día, la salvación de Dios.


Hoy, en la Liturgia, se nos recuerda que la paz es fruto de la vida espiritual. Además, veremos como Jesús es el gran regalo que estamos contemplando en estas Navidades. Claro está que, para ello, hemos de cultivar la pequeñez que, por ejemplo, tuvieron los pastores. O, por ejemplo, la pequeñez que tuvo María. 


En la Primera Lectura (Nm. 6, 22-27) los sacerdotes de Israel, cuando comenzaba el nuevo año, bendecían al pueblo. Bendecir es «decir-bien» a una persona, a un objeto o a un lugar. Dios, al comienzo del nuevo año, “dice bien” a todos. La bendición divina es signo de su amor paternal. Nos concede su paz e ilumina su rostro sobre nosotros.

El Salmo (66) "El Señor tenga piedad y nos bendiga" se utilizaba como fórmula litúrgica para dar gracias a Dios por la bondad de las cosechas. Y es un poema de gran fuerza que expresa el agradecimiento a un Dios que ayuda siempre y que se ocupa de sus criaturas. Es una buena forma para alabar a Dios en este primer día del año.

En la Segunda Lectura (Gl 4, 4-7) el apóstol Pablo nos recuerda que gracias a Jesús podemos llamar “Abba”, Padre, a Dios. Desgraciadamente, estamos muy acostumbrados a llamarle así y no somos conscientes del gran regalo que esto supone: él es nuestro Padre y nosotros somos sus hijos; hijos protegidos y amados. 

En el Evangelio (Lc 2, 16-21) los pastores, motivados y animados por el anuncio del ángel, se ponen inmediatamente en camino para ver lo que Dios les ha manifestado. Los pastores están despiertos, vigilan, esperan, permanecen, buscan, caminan, se animan, cantan, agradecen, bendicen y expresan su júbilo; sin duda, una actitud activa de quienes han puesto su confianza en el Señor. Por otro lado, el evangelista Lucas nos dice que María escucha a Dios en los acontecimientos y que conserva en su interior todo lo que los pastores dicen. Seguro que a María no le debió resultar nada fácil ser la elegida y vivir lo que acontecía en ella. Como en nosotros, también en María, la fe fue un proceso. 

La Madre del Redentor nos precede y continuamente nos confirma en la fe, en la vocación y en la misión. Con su ejemplo de humildad y de disponibilidad a la voluntad de Dios nos ayuda a traducir nuestra fe en un anuncio del Evangelio alegre y sin fronteras. Pidamos a María, la Madre de Jesús, que nos ayude a comprender y a vivir cada día la fraternidad que brota del corazón de su Hijo, para llevar paz a todos los que nos rodean en este mundo.


El Señor, con su Nacimiento, ya está alumbrando 
con 12 lámparas cada mes de este Año Nuevo.
El Espíritu, con su suave brisa, 
nos infundirá 365 soplos de aliento divino.
La Virgen María, Madre de Dios y nuestra,
marchará delante de nosotros, sus hijos e hijas,
ayudándonos a vivir dignamente cada hora 
y cada segundo, cada día y cada instante 
de este Año Nuevo que ahora se inicia.
¡Vayamos! ¡Corramos! La vida y la fe nos espera.