domingo, 25 de enero de 2015

JORNADA MUNDIAL DEL EMIGRANTE Y DEL REFUGIADO. "NO SE PUEDE SER CRISTIANO SIN SER DISCÍPULO DEL SEÑOR."


Esta mañana, parte de los niños/as del grupo de poscomunión-confirmación (a su vez, miembros del coro) de la Parroquia, junto a sus familiares y catequistas, se pusieron rumbo a Cádiz, para celebrar en la S.A.I Catedral de Cádiz la Eucaristía con motivo de la Jornada Mundial del Emigrante y del Refugiado, presidida por el obispo de la diócesis de Cádiz y Ceuta, Mons. Rafael Zornoza Boy. 

 

Fue una excelente ocasión para hacerles entender que todos somos iguales y debemos acoger a nuestros hermanos sin mirar del país que sean, pues somos hijos de un mismo Padre, Dios, que por amor nos ha creado, y nos ama a cada uno por igual sin distinciones.


El obispo diocesano manifestó como parte de la homilía que con esta Eucaristía “celebramos la acogida de todos estos inmigrantes, por los que la Iglesia tiene tanta preocupación”. Mons. Zornoza expresó que si tuviera que resumir el mensaje de Jesús hoy, “habría que hacerlo con las palabras de Shakespeare ‘ser o no ser’. Jesús ha venido al mundo a invitarnos a una vida nueva mediante la conversión y la fe. Jesús predica y dice ‘ha llegado el momento de convertíos y de creer en el Evangelio’, el Reino de Dios está en medio de nosotros”. Por otro lado, el obispo de Cádiz y Ceuta afirmó que “el hombre que no tiene a Dios cae en el materialismo, mientras que el que sabe el valor de Dios puede desprenderse de las cosas sin estar sometido a la intrascendencia. En nuestra sociedad, cuando se cae en la inmundanidad, las personas dejan de tener el valor que Dios les da”. En cuanto al grave problema de la inmigración, Mons. Rafael Zornoza aseguró que “es un problema global difícil de resolver, pero tenemos que ser capaces de acoger a todos como dice el lema de la campaña de la Jornada Mundial del Emigrante y del Refugiado de este año, Iglesia sin fronteras, Madre de todos, porque ante todo somos hijos de Dios. En manos del Señor seremos instrumentos de salvación para los demás”.

La celebración, que estuvo amenizada con cantos y bailes típicos africanos, contó con la participación de numerosos inmigrantes que residen en la diócesis, muchos de ellos ataviados con la vestimenta regional de su país.



(Accediendo a este enlace(https://www.facebook.com/ParroquiaSantaMaMicaela podéis acceder a nuestra página de facebook para poder ver los vídeos de dos momentos caracteristícos de esta celebración.)

Fue una Eucaristía muy especial, en la que todos fuimos llamados a ver que la Iglesia no tiene fronteras, todos somos hermanos y convivimos como una gran familia guiadas por el amor de Dios, nuestro Padre, que nos elige y nos llama a cada uno por nuestro nombre.

Al finalizar la celebración eucarística, el grupo, fue a saludar al Sr. Obispo de Cádiz y Ceuta,y tras esta visita, participamos junto a todos los congregados allí, en la convivencia organizada por el secretariado diocesano de Migraciones, en el Centro Tartessos de Cádiz, en la que se compartió una paella.



Llámame, Señor, y seré feliz por colaborar contigo
Llámame, Señor, y contigo iré.
¡Gracias, Señor!

IIIº DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO. CICLO B


Celebramos hoy el IIIº Domingo del Tiempo Ordinario, día de la Infancia  Misionera, y seguimos caminando tras los pasos de Jesús. En la liturgia, escucharemos cómo Jesús nos llama y urge a la conversión. Sin duda alguna, su llamada nos exigirá un cambio radical en nuestras vidas: aprender a vivir confiando en la gracia y misericordia de nuestro Dios, que nos ama profundamente y, por eso, nos podemos fiar de Él. Con la conciencia viva de que toda celebración es una llamada de Dios a un cambio de vida, nos ponemos en actitud de acogida y nos disponemos a celebrar lo mejor de nuestra fe. Estamos en camino.

Dios es Salvación y vida, su presencia siempre es un cambio para el que cree y espera en Él. Por ello mismo, si creemos en Él, todos somos iguales, somos hermanos. Que el Evangelio de este día, además, nos ayude a escuchar al Señor y a seguirle con todo nuestro corazón. Su Reino merece la pena ser anunciado, querido y proclamado en el mundo.

En la Primera Lectura (Jon. 3, 1-5. 10) el profeta, enviado por Dios a una misión concreta y nada fácil, nos cuenta cómo la Palabra de Dios llamó a los ninivitas a la conversión y cómo éstos respondieron abandonando su mala vida pasada. A nosotros hoy, esta lectura nos invita a cambiar, a cambiar nuestras malas acciones por buenas obras, confiando en el amor misericordioso que Dios tiene por cada uno de nosotros.

El Salmo (24) "Señor, enséñame tus caminos" no es otra cosa que una oración pidiendo a Dios su mano de Padre para que nos lleve por los caminos de verdad y de justicia. Toda vida humana, por muy quebrantada que se encuentre es recuperable por el amor de Dios. 

En la Segunda Lectura (1 Co. 7, 29-31) el apóstol Pablo, respondiendo a una pregunta de la comunidad de Corinto, nos dice que la respuesta a la llamada del Señor no se puede hacer esperar. Es necesario cambiar de vida y, además, hacerlo ya; no hay tiempo que perder. No podemos dormirnos ni dejarlo para mañana; a Dios le urge nuestra fidelidad. 

En el Evangelio (Mc 1, 14-20) Marcos expone el programa de Jesús. El Reino de Dios está cerca y Jesús propone dos actitudes para pertenecer a este Reino: la conversión y la fe. Los primeros discípulos, fascinados por Jesús, dejan su vida de pescadores para ser pescadores en otros mares. Creen firmemente en su palabra y le siguen. Para pertenecer al Reino de Dios es preciso cambiar de mirada y de actitudes, y creer en la Buena Noticia que trae Jesús.

La Palabra de Dios nos insiste en la necesidad de convertirnos, de cambiar nuestras vidas. Pongámonos en camino; vivamos desde la gracia y la misericordia de nuestro Dios.


Llámame, Señor, y seré feliz 
por colaborar contigo.
Llámame, Señor, y sabré 
que Tú me necesitas,
que Tú me esperas, 
que Tú eres mi amigo
Llámame, Señor, y libérame de la tristeza
de las prisas y de la comodidad 
de aquello 
que me produce insatisfacción, 
de aquellas cosas 
que me agobian y me hacen llorar.
Llámame, Señor, y contigo iré.

¡Gracias, Señor!

jueves, 22 de enero de 2015

CONOCE LA VIDA DE LOS SANTOS, HOY SAN VICENTE MÁRTIR.


San Vicente es uno de los tres grandes diáconos que dieron su vida por Cristo. Este mártir celebrado por toda la Cristiandad, encontró su panegirista en San Agustín, San León Magno y San Ambrosio.
Vicente descendía de una familia consular de Huesca, y su madre, según algunos, era hermana del mártir San Lorenzo. Estudió la carrera eclesiástica en Zaragoza, al lado del obispo Valero, quien por su falta de facilidad de expresión, lo nombró primer díacono para suplirle en la sagrada cátedra.

Paralelamente, el emperador Dioclesiano había decratado una de las más crueles persecusiones contra la Iglesia, y que fue aplicado por Daciano en España. Las cárceles, que estaban reservadas antes para los delincuentes comunes, pronto se llenaron de obispos, presbíteros y diáconos. Al pasar Daciano por Barcelona, sacrifica a San Cucufate y a la niña Santa Eulalia. Cuando llega a Zaragoza, manda detener al obispo y a su diácono, Valero y Vicente, y trasladarlos a Valencia. Allí se celebró el primer interrogatorio. Vicente responde por los dos, intrépido y con palabra ardiente. Daciano se irrita, manda al destierro a Valero, y Vicente es sometido a la tortura del potro. Su cuerpo es desgarrado con uñas metálicas. Mientras lo torturaban, el juez intimaba al mártir a la abjuración. Vicente rechazaba indignado tales ofrecimientos. Daciano, desconcertado y humillado ante aquella actitud, le ofrece el perdón si le entrega los libros sagrados. Pero la valentía del mártir es inexpugnable. Exasperado de nuevo el Prefecto, mandó aplicarle el supremo tormento, colocarlo sobre un lecho de hierro incandescente. Nada puede quebrantar la fortaleza del mártir que, recordando a su paisano San Lorenzo, sufre el tormento sin quejarse y bromeando entre las llamas. Lo arrojan entonces a un calabozo siniestro, oscuro y fétido "un lugar más negro que las mismas tinieblas", dice Prudencio. Luego presenta el poeta un coro de ángeles que vienen a consolar al mártir. Iluminan el antro horrible, cubren el suelo de flores, y alegran las tinieblas con sus armonías. Hasta el carcelero, conmovido, se convierte y confiesa a Cristo. Daciano manda curar al mártir para someterlo de nuevo a los tormentos. Los cristianos se prestan a curarlo. Pero apenas colocado en mullido lecho, queda defraudado el tirano pues el espíritu vencedor de Vicente vuela al paraíso. Era el mes de enero del 304.

Ordena Daciano mutilar el cuerpo y arrojarlo al mar. Pero más piadosas las olas, lo devuelven a tierra para proclamar ante el mundo el triunfo de Vicente el Invicto. Su culto se extendió mucho por toda la cristiandad.

domingo, 18 de enero de 2015

II DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO. CICLO B

Celebramos hoy en este IIº Domingo del Tiempo Ordinario, la Jornada Mundial del Emigrante y del Refugiado, bajo el lema "Una Iglesia sin fronteras, madre de todos"En este segundo domingo, 
se nos presenta el inicio del ministerio público de Jesús. Jesús va llamando para “estar”, “aprender” y “compartir” con Él, un estilo de vida diferente, a los que luego serán su grupo, sus SEGUIDORES. 
Pero… ¿cuál es la noticia? Dios sale también a nuestro encuentro, nos llama por nuestro nombre, se sirve de mediaciones, de otras personas, de acontecimientos de la vida, y nos invita a ser de “su grupo”; nos deja libertad para acogerle y, libremente, para seguirle. Él nos irá modelando, cambiando el corazón, nos dará la fortaleza, el coraje para dejarlo todo y responder con generosidad a su llamada de anunciar el mensaje del Reino.

Las lecturas de hoy nos invitan a escuchar la Palabra de Dios y, sobre todo, a confiar en Él, ya que como un padre cuida de cada uno de nosotros.

La Primera Lectura (1 Sam 3b, 3-10.19) nos presenta la vocación del joven Samuel. Dios llamó a Samuel mientras dormía pero no reconoció su voz. Samuel finalmente,aconsejado por Elí, oye la llamada de Dios y responde así: “Aquí estoy”. Como profeta que es Samuel aprende a escuchar y a atesorar la palabra de Dios. Nosotros también tenemos el privilegio de oír la Palabra de Dios. Ahora nos toca decir a nosotros: “Habla, Señor, que tu siervo escucha”. Abramos nuestros corazones a esa Palabra.

Cada vez que recitamos el Salmo (39) "Aquí estoy Señor para hacer tu voluntad", mostramos nuestra plena confianza en el Señor, confianza en la cual descubrimos el amor misericordioso que Dios nos tiene, su fidelidad eterna que nos sostiene en los momentos difíciles, la roca firme donde podemos descansar, no cumpliendo nuestra propia voluntad, sino la del Señor, que quiere lo mejor para cada uno de nosotros.

En la Segunda lectura (1 Cor 6, 23-15.17-20)  San Pablo escribiéndole a los corintios viene a recordarnos que nosotros somos miembros del Cuerpo de Cristo y templos del Espíritu Santo. Debemos respetar nuestro cuerpo porque éste, al igual que el de Cristo, resucitará y será glorificado.

En el Evangelio de hoy (Jn 1, 35-42) se nos presenta a dos discípulos de Juan, el Bautista,Andrés y Juan, que escuchan su testimonio y siguen a Jesús. Ahí se produce el ENCUENTRO, encuentro que culminará en una opción clara y rotunda por el nuevo Maestro. Y es que han quedado fascinados por Jesús y, desde ahí, se produce el seguimiento que abarca toda su vida.  

Como el apóstol Andrés fue a comunicar a su hermano Pedro y a llevarle junto a Jesús, procuremos también nosotros comunicar a cuantos nos rodean el amor de Dios y la fuerza del Evangelio. Digamos con nuestras palabras y, sobre todo, con nuestra vida, que hemos encontrado a Jesús y que Él es el único Señor de nuestra existencia, nuestro Salvador


Déjame buscarte, Señor.
Dejando todo aquello que obstaculice 
el que yo te encuentre,
alejándome de los ruidos 
que me impiden escuchar tu voz.
Ayúdame a estar siempre inquieto: 
en permanente búsqueda.
Enséñame a estar contigo: 
y conocerte para nunca olvidarte.
Envíame para servir amando: 
y, contigo, siempre salvando.
AMEN

sábado, 17 de enero de 2015

ASAMBLEA GENERAL DE LA ASOCIACIÓN PARROQUIAL NUESTRA SEÑORA DEL ROSARIO DE FÁTIMA Y DEL BEATO FRAY LEOPOLDO DE ALPANDEIRE

La Asociación Parroquial de nuestra Señora del Rosario de Fátima y del Beato Fray Leopoldo de Alpandeire, convoca la Asamblea General Ordinaria para el martes, 3 de febrero a las 19:30 horas, en la Parroquia de Santa Mª Micaela.

Puntos a tratar:
1º.- Lectura y aprobación si procede del acta anterior.

2º.- Examen y aprobación si procede de las cuentas del ejercicio anterior.

3º.- Examen y aprobación de la memoria de actividades y gestión de la J.D.

4º.- Examen y aprobación de actos para el 2015

5º.- Examen y aprobación proyectos y presupuestos para 2015.

6º.- Acordar las distinciones y sanciones y bajas a que se hagan acreedores los socios.

7º.- Propuestas,ruegos y preguntas.

Tras finalizar la Asamblea ordinaria, se celebrará la Asamblea General Extraordinaria, teniendo como único punto a tratar el siguiente:

1º.- Fijar fecha para elección de nueva junta directiva.

viernes, 16 de enero de 2015

LA BELLEZA DE LA ORACIÓN.


«La oración es un impulso del corazón, una sencilla mirada lanzada hacia el cielo, un grito de reconocimiento y de amor tanto desde dentro de la prueba como en la alegría» 
(Santa Teresita del Niño Jesús)

Decía un gran autor por ahí -refiriéndose a un monje que rezaba arrodillado- “hay una presencia densa. Ese hombre jamás es más hombre que cuando se muestra prosternado e inmóvil…”

Jamás el hombre es más hombre que cuando reza.
Porque la oración es sin duda la actividad que realiza, concreta y actualiza en modo más sublime la relación de amor entre Dios y el hombre. Y el amor es todo. Dios es Amor. El hombre es amor. Y en este amor, radica su más alta dignidad, su vocación más profunda y trágicamente olvidada, y también por supuesto su futuro tan aguardado…porque, cueste creerlo o no, el hombre no existe sino porque «creado por Dios por amor, es conservado siempre por amor; y no vive plenamente según la verdad si no reconoce libremente aquel amor y se entrega a su Creador» (GS 19,1).


Dios es Amor, el hombre es amor, la oración es amor. Porque es relación, comunión, diálogo de amor, que permite al hombre entrar en contacto con Dios para dejarlo habitar en su corazón. A Dios se le conoce por contacto, amándolo, conformándose con Él. Por eso, hay una presencia densa en quien rezando ama y amando reza. En esa persona se percibe a Dios.

Jamás el hombre es más hombre que cuando reza.
Y uno aquí podría con nostálgica mirada culparse por los pocos espacios de oración que tiene, o que busca, o que desea. De hecho «esta “unión íntima y vital con Dios” (GS 19,1) puede ser olvidada, desconocida e incluso rechazada explícitamente por el hombre» (CIC 29).

Pero nuestra gran consolación es que por un lado Dios no cesa de buscarnos y llamarnos, para entablar de nuevo esta relación. Con Él, nunca es tarde para empezar de nuevo. La otra gran consolación es que todo lo que hacemos, lo podemos convertir en oración.

Pues como decía Santa Teresita del Niño Jesús: 
«La oración es un impulso del corazón, una sencilla mirada lanzada hacia el cielo, un grito de reconocimiento y de amor tanto desde dentro de la prueba como en la alegría»

Por lo cual, si logramos tener un espacio fuerte de encuentro con Dios; donde la calidad prima sobre la cantidad (buen ejemplo de ello es la misa, que durando aproximadamente media hora, nos permite lograr el contacto más íntimo con Dios), podremos mantenernos en presencia de Dios durante toda la jornada, transformando todas nuestras actividades del día en oración ¡Una vida hecha oración! Esto es lo que nos pide el apóstol Pablo cuando dice: «Os exhorto, hermanos, por la misericordia de Dios, a presentar vuestros cuerpos como hostia viva, santa, agradable a Dios; éste es vuestro culto razonable» (Rom12,1)

Sí, jamás el hombre es más hombre que cuando reza, y rezando ama, y amando se vuelve el mismo oración.

DIFERENCIA ENTRE SANTIGUARSE Y PERSIGNARSE, Y SU SIGNIFICADO.


¿Qué diferencia hay entre santiguarse y persignarse? ¿Qué significa la signación antes de la proclamación del Evangelio?
“Pues Dios tuvo a bien hace residir en él (en Cristo) toda la plenitud, y reconciliar por él y para él todas las cosas, las de la tierra y las de los cielos haciendo la paz mediante la sangre de su cruz” (Col 1, 19-20).

La insignia del cristiano es la cruz ya que Jesucristo crucificado en ella nos redimió y pagó por nuestros pecados. Llevar la cruz y llevar una cruz en el pecho con dignidad debe ser lo más natural del cristiano. Hacer la señal de la cruz es un acto de la virtud de religión, que debemos hacer con toda devoción y decoro y no de cualquier manera. De la manera como hagamos nuestra señal de la fe decimos qué tan grande es nuestra fe y qué tanto hemos entendido del misterio de la cruz. Muchas veces parece que algunas personas hacen una mueca en lugar de evocar el signo sagrado de nuestra salvación; es como si se avergonzaran de que los vieran y trataran de disimular.

La señal de la cruz se hace de dos maneras: Santiguándonos y persignándonos.

¿Qué es santiguarse?

Es una oración haciendo la señal de la cruz en la frente, en el pecho, en el hombro izquierdo y luego en el hombro derecho. Diciendo: En el nombre del Padre, del hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Cuando se hace la señal de la cruz después de tocar el agua bendita se puede decir primero, al sumergir los dedos en ella: "Que esta agua bendita nos sea salvación y vida".
Hay quienes acostumbran al final besar el dedo pulgar extendido sobre el índice formando una cruz, como reverencia y devoción al signo de nuestra redención. Sin embargo, por piadosa que sea, esta práctica no forma parte del acto de santiguarse.

¿Qué es persignarse?

Es una oración haciendo una pequeña cruz con el dedo pulgar en la frente, luego otra en la boca y luego otra en el pecho. Diciendo: Por la señal de la santa cruz, de nuestros enemigos, líbranos Señor Dios nuestro. Cuando nos signamos y luego inmediatamente nos santiguamos, entonces nos estamos persignando.Hay oraciones y momentos en que nos santiguamos (por ejemplo al inicio de la misa, al iniciar el día, al pasar al frente de una iglesia, etc..); hay oraciones y momentos en que nos signamos (antes de proclamar el evangelio); y hay oraciones y momentos para persignarnos (por ejemplo al inicio del Santo rosario, el viacrucis, las novenas, etc..).

Uno de los momentos en que nos signamos, como se decía antes, es antes de la proclamación del evangelio en la misa.
El sacerdote con las manos juntas dice: El Señor esté con vosotros; y el pueblo responde: Y con tu espíritu; y en seguida dice: Lectura del Santo Evangelio según San…., signando con el pulgar el libro y a sí mismo en la frente, en la boca y en el pecho, lo cual hacen también todos los demás. El pueblo aclama diciendo: Gloria a Ti, Señor. En seguida proclama el Evangelio y al final dice la aclamación Palabra del Señor, y todos responden: Gloria a Ti, Señor Jesús.

¿Qué significa signarse?

Signarnos la frente es pedirle a Dios que bendiga nuestra mente y nos libre de pensamientos y deseos indebidos, signarnos la boca es pedirle a Dios que bendiga nuestros labios y nos ayude a evitar palabras ociosas y signarnos en el pecho es para pedirle a Dios que bendiga nuestro corazón y evitar las malas acciones.

Cuando nos signamos antes del evangelio es para predisponer nuestra mente a la escucha atenta del mismo, en la boca para que sepamos anunciar el evangelio y en el pecho para ser custodiado con amor y fe.
Todo de cara a permitir que el evangelio que se proclama se haga vida en nosotros y dé los debidos frutos.